No son vidas lo que te acompañan,
sino historias, momentos, recuerdos y emociones. Todo el conjunto provoca la
creación de lo que realmente importa; el presente, el ahora. Y esto son sólo
palabras que escapan por mis dedos, creyendo que cualquier pensamiento puede
ser expresado por el lenguaje, y de ese modo estructurarlo.
Hay momentos pasados que nos
remueven, que nos captan y evaden del presente. Aquellos que nos llenan de
alegría son los que más se disfrutan, otros presentan melancolía. Y aquí nos
surge una de las grandes preguntas ¿dónde tenemos el botón para decidir qué
recordar? ¿realmente existe? En mi opinión, no. Ese momento fue parte de
nosotros. El yo presente está unido a él, somos nosotros mismos.
Esas miradas ya no están
dirigidas a mí, ni esas sonrisas o palabras, fue y no volverá. Lo disfruté y
cada día era un inicio y un punto final. ¿Se repetirá? No, nunca será igual.
Ahora, ¿tiene que ser negativa esa respuesta? Depende del día que lo quieras
pensar, el consejo es ser consciente de ello. Las personas cambian, el contexto
cambia, incluso el sentimiento aparece con distintos matices, y en la colisión
de todas las variables estará el poder de la balanza.
Todos son tú, pero tú… eres tú.

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