Yo fui quien se dirigió hacia ella, quien recorrió kilómetros tan sólo para verla (¿tan sólo? más bien es un todo...), y aun así logró sorprenderme. Había planeado el reencuentro, pretendía que la realidad se ajustara a ese recuerdo inexistente (ya que no me hacía falta haberlo vivido para anhelarlo), pero no fue así, no actué como me hubiese gustado; sin embargo eso no significó que no disfrutara, claro que no, siempre que estoy con ella nos plantamos en el mundo de las aventuras, las risas, el bienestar...
Me encaminaba con paso decidido pero sin prisas hacia ella, me acercaba sabiendo que debería esperar horas detrás de un muro para tenerla... Sabía cómo iba a clases, qué número de autobús cogía dependiendo de la hora a la que saliera. Y como si el destino me avisase, me fijaba constantemente en el tráfico, en cada autobús que pasaba, en la gente que llevaba, los coches, las motos, los viandantes, el viento... Divisé un autobús pero no lograba diferenciar su número, no me hacía falta, sabía que ahí estaría. Aceleré el paso para que no se interpusiera una furgoneta aparcada entre mí y mi destino: ella... Entonces sucedió, en una milésima de segundo, una imagen, un verdadero recuerdo que siempre quedará en mi memoria, nuestras miradas se entrelazaron un momento, desapareció el resto, no quería perder esa unión pero ella se giró, sentada tras el conductor dio media vuelta evitando mi mirada. ¿Por qué lo hizo exactamente? No suelo pasear por su ciudad como si fuera lo más normal del mundo, no suelo dirigirme a su instituto, no por falta de ganas sino por la imposibilidad de realizarlo, vivir tan lejos no hace bien... Simplemente no estaba preparada para verme allí.
Yo pensé que seguiría su camino, pero no fue así, ella actuó. Logró que le abrieran la puerta en la parada de un semáforo y bajó. Mientras tanto yo continué paseando, sonriendo, rebosando felicidad, no me percaté de lo que estaba sucediendo hasta que la vi frente a mí. A escasos metros se encontraba, ahora era yo quien no esperaba verla. Me paralicé... me abrazó; quería besarla, fusionarme, no separarme nunca pero apenas logré torpemente corresponderle el abrazo...
Poco a poco fui convenciéndome de que aquello era real, estaba junto a mí al fin. Podía hacer tantas cosas que apenas dan valor la mayoría... ¿sabes qué es mirar directamente a los ojos a quien amas? ¿qué es poder alzar tu mano y rozar su cuerpo? ¿acaso sabes qué significa acariciar? ¿sientes su respiración y se te olvida todo lo demás? ¿puedes apreciar cada momento? Si es así, seguramente te encuentres o te hayas encontrado en mi situación... anhelar, echar de menos, extrañar a quien amas, es difícil tenerla lejos... ya sea física o emocionalmente.