En la vida sólo hay cuatro cuestiones importantes: qué es
sagrado, de qué está hecho el espíritu, para qué vale la pena vivir, y para qué
vale la pena morir. Sólo existe una respuesta: el amor.
Toda mujer es un misterio por resolver,
pero ninguna mujer le oculta nada a un amor verdadero. El color de su piel nos
indica cómo debemos proceder, si posee el tono de una rosa en primavera, suave
y pálida, hay que acariciarla para que abra sus pétalos con el ardor del sol. Y
la piel pálida y pecosa de una pelirroja, evoca la lujuria de una ola que rompe
en la playa. Removiendo lo que yace debajo y haciendo emerger el espumoso
deleite del amor. Aunque ninguna metáfora describe con justicia el hecho de
hacer el amor con una mujer la analogía más próxima sería la de tocar un
instrumento musical poco común. Me pregunto si un violín Stradivarius siente el
arrebato del violinista cuando éste extrae una sola nota perfecta de su
corazón.
¿Has amado alguna vez a una mujer hasta
conseguir que rezumara leche como si estuviera dando a luz al mismo amor y sólo
pudiese alimentarlo o reventar? ¿Alguna vez has saboreado a una mujer hasta
hacerle creer que podía quedar satisfecha solo consumiendo la lengua que la
había devorado? ¿Has amado de tal modo a una mujer que el sonido de tu voz en
su oído provocara una explosión de placer, de tal intensidad, que sólo el
llanto pudiese aliviarla?
Don Juan DeMarco.
